CONVIVIR EN LA COMPLEJIDAD: MEDIACIONES ECOESTÉTICAS ENTRE ARTE, DISEÑO, TERRITORIO Y MEMORIA BIOCULTURAL

Publicado em 13/03/2026 - ISBN: 978-65-272-2216-3

DOI
10.29327/1767853.1-9  
Título do Trabalho
CONVIVIR EN LA COMPLEJIDAD: MEDIACIONES ECOESTÉTICAS ENTRE ARTE, DISEÑO, TERRITORIO Y MEMORIA BIOCULTURAL
Autores
  • CHRISTIAN CHAVEZ LOPEZ
Modalidade
Resumo expandido
Área temática
Participación
Data de Publicação
13/03/2026
País da Publicação
Brasil | Brasil
Idioma da Publicação
pt-BR
Página do Trabalho
https://www.even3.com.br/anais/i-encuentro-diseno-y-antropologia-america-latina/1299318-convivir-en-la-complejidad--mediaciones-ecoesteticas-entre-arte-diseno-territorio-y-memoria-biocultural
ISBN
978-65-272-2216-3
Palavras-Chave
Complejidad, Ecoestética, Arte, Diseño, Territorio, Memoria biocultural
Resumo
La presente propuesta explora la articulación entre diseño, arte y antropología desde una perspectiva ecoestética y de complejidad, reconociendo que las prácticas culturales y territoriales constituyen entramados de sentido, vínculos e interacciones, donde se entrelazan memorias, afectos, saberes y formas de habitar que redimensionan orgánicamente el sentido de la vida en el mundo (Ingold, 2000). El contexto contemporáneo, caracterizado por tensiones históricas, desigualdades estructurales y crisis ecológicas profundas, se hace imprescindible proponer espacios de reflexión crítica y de acción colaborativa a partir de la pluralidad ontológica, donde se reconoce y valora la diversidad de saberes y sentires presentes en las múltiples realidades, generando cruces e interacciones entre experiencias, emociones y aprendizajes. En este sentido, mi aproximación al tema propuesto parte de reconocer que tanto las artes y el diseño como la antropología comparten una preocupación fundamental por la vida en común, la producción de sentido y la configuración de mundos habitables. Dicho acercamiento parte de reconocer que los fenómenos socioambientales se conciben como sistemas interdependientes donde lo humano y lo no-humano coexisten en simpoiesis (Haraway, 2026), y donde la sensibilidad estética se convierte en una vía de reflexión crítica y de acción compartida frente a la crisis civilizatoria. El marco teórico incorpora conceptos clave desarrollados en experiencias de investigación recientes que fundamentan la propuesta. En primer lugar, la ecoestética (Krieger, 2023; 2016; Torrents, 2019; Kagan, 2011) emerge como una perspectiva capaz de articular sensibilidad estética, conocimiento ambiental, la percepción sensorial del paisaje y su representación visual, donde no se trata únicamente de contemplar la naturaleza, sino de participar activamente en su devenir, reconociendo que los procesos estéticos son también procesos éticos y políticos. Desde esta comprensión, la ecoestética puede configurarse como una mediación artística transformadora y espacio pedagógico sensible, orientada a la construcción de aprendizajes colectivos y revalorización de la memoria biocultural en diálogo constante con el territorio. Por otra parte, la ecoestética de la complejidad —planteada por autores como Maldonado (2009), Najmanovich (2008; 2005), Haraway (2016)— constituye un territorio conceptual fértil para comprender y construir conocimiento emergente, al propiciar espacios de re?exión y acción , donde las acciones humanas generan afectos, gestos y efectos emergentes e impredecibles (Giraldo y Toro, 2020; Najmanovich, 2008; Morin, 2005). Según Najmanovich (2005), la estética de la complejidad no es objetiva ni neutra, es una cartografía sistémica, paradójica y vital, pues se basa en la idea de que cualquier interpretación del mundo es una con?guración situada, generada desde nuestra condición de seres vivos, sin que ello implique alcanzar una representación absoluta de la realidad. De acuerdo con Najmanovich, (2001, p. 110): Somos observadores, partícipes y participantes del conocimiento. El mundo en el que vivimos los humanos no es un mundo abstracto, un contexto pasivo, sino nuestra propia creación simbólico-vital. Las propiedades ya no residen únicamente en las cosas, sino "entre" ellas, en el intercambio que surge del convivir humano. En segundo lugar, la memoria biocultural, entendida como memoria colectiva o «conciencia histórica comunitaria» que surge de la relación entre los seres vivos, los territorios y la biodiversidad. La memoria biocultural no solo da forma al pasado y retroalimenta el presente, sino que también proyecta futuros compartidos, reforzando las identidades locales y las prácticas de cuidado (Ibarra et al., 2022). Este concepto es fundamental para pensar en el arte, diseño y la antropología como campos que no se limitan a registrar o representar, sino que participan en el aprendizaje colectivo al revitalizar los vínculos entre la cultura, las personas y la naturaleza. Desde la perspectiva antropológica, esta comprensión se sustenta en los aportes de Clifford y Marcus (1986), quienes conciben la cultura como una "trama de significados" y posicionan la etnografía como un acto situado. La antropología visual, desarrollada por Pink (2013), amplía este marco conceptual al incorporar metodologías que integran las representaciones visuales —fotografía, video e hipermedia— como herramientas etnográficas que posibilitan enfoques sensoriales centrados en la experiencia encarnada y la comprensión intersubjetiva. De manera complementaria, Guber (2001) ha teorizado la etnografía en su triple dimensión —enfoque, método y reflexividad— orientada hacia la comprensión de los fenómenos sociales desde la perspectiva de los propios actores. En consecuencia, se reconoce que los saberes, memorias y percepciones estéticas locales constituyen elementos fundamentales para la construcción de conocimiento situado y relacional, capaz de articular la diversidad ontológica y epistemológica presente en los territorios (Ingold, 2000; Pink, 2013; Guber, 2001). Asimismo, Descola (2005) y Viveiros de Castro (2004) cuestionan la ontología occidental y proponen entender la multiplicidad de interrelaciones entre los seres humanos y los no humanos como un campo abierto, interdependiente y relacional. Asimismo, Escobar (2016; 2020) propone la noción de un «diseño ontológico» hacia a la transición, que concibe la práctica del diseño como parte de las ecologías del conocimiento y como un vehículo para la autonomía y la resistencia frente a la crisis de la civilización. La memoria biocultural, “se ha vuelto un lugar común en los estudios culturales, no solamente por su valor en el análisis historiográ?co de los procesos globales, sino por su cercanía con otros conceptos que surgen de la espacialización de la cultura como cartografías, mapas y redes” (Escobar, 2020, p. 61). A este respecto Martín Juez (2002) subraya la importancia de reconocer los objetos culturales como expresiones legítimas de un modo de vivir y ver el mundo, lo que requiere una aproximación ética y respetuosa hacia las entornos estudiadas. Dado su carácter artístico, las representaciones e interpretaciones visuales, aquí se conciben como espacios y formas de pensamiento, acción y reflexión, tanto autoa?rmativas como autodisertivas, orientadas al autoconocimiento en territorios epistémicos diversos y en la construcción de espacios-momentos re?exivos con distintos grados de creación y materialización, propiciando la construcción de sentido y signi?cado a partir de las múltiples realidades y experiencias intersubjetivas, donde se “vinculan, interconectan, dialogan, iluminan y divergen en su multiplicidad de acciones, ?guras o mundos narrados” (Rincón, 2004, p. 179). Otro aporte relevante es la noción de simpoiesis, que alude a la idea de “generar-con” (Haraway, 2016). En contraposición a la autopoiesis, que enfatiza la autoorganización, la simpoiesis nos recuerda que nada se produce de manera aislada: los actores, humanos y no-humanos, se co-constituyen en relaciones complejas y en constante transformación. Esta perspectiva detona el cruce entre arte, diseño y antropología, pues nos invita a concebir los procesos de con-vivencia, creativos, pedagógicos y comunitarios como entramados abiertos donde lo individual se entrelaza con lo colectivo, y donde las dinámicas emergentes desbordan del dominio unidireccional. En esta misma línea, se reconoce el valor de los aprendizajes colectivos, que busca “movilizar sus agencias en el proceso y transformando sus prácticas de manera conjunta” (De la Torre, 2019, p.11), en estrecha relación con sus contextos. De este modo, escuela, comunidad y territorio se configuran como escenarios interdependientes, donde las experiencias estéticas evidencian que las mediaciones artísticas y pedagógicas constituyen procesos sensibles y vinculantes de co-aprendizaje, emergentes de la relación íntima con el entorno, sus memorias, vivencias, conocimientos y afectividades. Desde esta comprensión, las artes y el diseño requieren de una pedagogía del lugar (Sobel, 2004; Gruenewald, 2003) que propicie la construcción de diálogos críticos, reflexión ética, sensibilidad estética y simbólica situada, con el fin de fortalece los vínculos comunitarios con los territorios y sus múltiples formas de vida. Esta propuesta se desarrolla como parte de las actividades de investigación-producción del Laboratorio Interdisciplinario de Arte y Diseño Sustentable de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, y en el marco del proyecto colaborativo PAPIME 403024 con otras entidades académicas como el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3-UNAM) y Cátedra Unesco “Universidad e Integración Regional”. A través de estas alianzas, se implementan talleres participativos que concebidos como laboratorios vivos, se propician experiencias de exploración sensorial del territorio, narrativas visuales y performativas, cartografías colectivas, intervenciones en espacios públicos y prácticas artísticas con materiales naturales o recuperados. Estas dinámicas permiten a las y los participantes situarse en el territorio desde la percepción, la memoria y el cuerpo, generando registros visuales que no solo documentan, sino que también coproducen conocimiento. La metodología integra la investigación-acción participativa con herramientas etnográficas visuales reflexivas (fotografía, video, dibujo, cartografía, instalación), las cuales se emplean para observar, documentar, analizar e interpretar los procesos desde una perspectiva sistémica. Bajo esta mirada, conceptos como participación y materialización resultan esenciales, ya que lo visual no se limita a la representación, sino que encarna formas de con-vivencia que fortalecen vínculos de respeto, empatía y cooperación para reflexionar en torno a la revalorización del territorio y la memoria biocultural, que además de proponer objetos o discursos, encarnan significados apropriados localmente para reimaginar futuros sostenibles desde América Latina. El proceso etnográfica parte de una inmersión cuidadosa en los territorios de Xochimilco, Taxco y Ciudad Universitaria. La aproximación inicial se realiza mediante un involucramiento sensorial que incluye la observación de colores, aromas, sonidos y, en algunos casos, sabores propios del entorno, favoreciendo un acercamiento silenciodo, pausado, atento y respetuoso. Cada taller participativo, que se lleva a cabo dentro del programa "Ecosistemas Creativos: Arte y Diseño Vivo" operan como dispositivo metodológico que habilita encuentros entre diferentes formas de saber, donde la exploración de los senderos, la interacción con las materialidades naturales, así como la observación de prácticas locales permite identificar la interrelación entre memoria, afecto y conocimiento. Las cartografías colectivas, los registros visuales y las narrativas performativas También actúan como instrumentos de documentación, ya que propician encuentros y diálogos reflexivos de empatía, confianza y reciprocidad. Estos procesos artísticos revean cómo el acto de dibujar se contempla como tecnología de la intimidad, pues requiere una proximidad temporal y espacial, lo que genera conocimiento encarnado. A través del dibujo etnobotánico, los estudiantes detonan experiencias de "tiempo dilatado", donde la concentración en los detalles de hojas, tallos y flores alteraba su percepción temporal ordinaria, acercándolos a ritmos más cercanos y sensibles al tiempo vegetal. Las y los participantes actuán como co-creadores de significados; sus experiencias, emociones e historias de vida, donde se entretejen las conexiones entre lo humano y lo más-que-humano y reconfigurando, de manera conjunta, las formas de comprender y habitar el territorio. Las cartografías colectivas integran elementos naturales, dimensiones sensoriales, memorias personales y conocimientos ecológicos locales en representaciones visuales que fungen como "archivos ecoestéticos", que documentan formas alternativas de habitar y conocer el territorio, acompañándose de textos reflexivos —incluso poéticos— que, a su vez, emergen como dispositivos de autorrepresentación y autoconocimiento territorial. Estas experiencias sugieren que es posible integrar la ecoestética como un marco conceptual, pedagógico y metodológico que permite articular lo estético, lo ético y lo ecológico en procesos colaborativos de aprendizaje y creación. En este sentido, la ecoestética cultiva la capacidad de imaginar y construir futuros alternativos, reconociendo que la supervivencia colectiva requiere de sensibilidades estéticas encaminadas hacia el convivir, percibir y actuar en consonancia con las dinpamicas e interconexiones que sostienen la vida. Además, esta propuesta busca enriquecer el debate en torno a la reivindicación de la sensibilidad estética, crítica y afectiva en los procesos creativos, aspecto especialmente relevante en un contexto donde las crisis socioambientales demandan respuestas que integren no solo conocimientos técnico-científicos, sino también formas de comprensión sensible capaces de reconocer las dimensiones emocionales y corporales de la experiencia territorial. En este marco, la antropologia, además de proporcionar valiosas herramientas para el registro, análisis y contextualización, tiene la posibilidad de expandir sus campos de investigación y acción, expandiendo sus horizontes epistemológicos y metodológicos a través del diálogo interdisciplinario con las prácticas artísticas y del diseño.
Título do Evento
I Encuentro de Antropología y Diseño en América Latina
Cidade do Evento
São Luís
Título dos Anais do Evento
Cuaderno de Resúmenes del Encuentro de Antropología y Diseño en América Latina
Nome da Editora
Even3
Meio de Divulgação
Meio Digital
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Como citar

LOPEZ, CHRISTIAN CHAVEZ. CONVIVIR EN LA COMPLEJIDAD: MEDIACIONES ECOESTÉTICAS ENTRE ARTE, DISEÑO, TERRITORIO Y MEMORIA BIOCULTURAL.. In: Cuaderno de Resúmenes del Encuentro de Antropología y Diseño en América Latina. Anais...São Luís(MA) ENES-Morelia / UNAM, 2026. Disponível em: https//www.even3.com.br/anais/i-encuentro-diseno-y-antropologia-america-latina/1299318-CONVIVIR-EN-LA-COMPLEJIDAD--MEDIACIONES-ECOESTETICAS-ENTRE-ARTE-DISENO-TERRITORIO-Y-MEMORIA-BIOCULTURAL. Acesso em: 22/05/2026

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