PRÁCTICAS DE CORRESPONDENCIA COMO COLABORACIÓN ENTRE UNA DISEÑADORA Y ARTESANAS EN EL SUR DE MÉXICO

Publicado em 13/03/2026 - ISBN: 978-65-272-2216-3

DOI
10.2932717678531-39  
Título do Trabalho
PRÁCTICAS DE CORRESPONDENCIA COMO COLABORACIÓN ENTRE UNA DISEÑADORA Y ARTESANAS EN EL SUR DE MÉXICO
Autores
  • Zita Gonzalez
Modalidade
Resumo expandido
Área temática
Participación
Data de Publicação
13/03/2026
País da Publicação
Brasil | Brasil
Idioma da Publicação
pt-BR
Página do Trabalho
https://www.even3.com.br/anais/i-encuentro-diseno-y-antropologia-america-latina/1297349-practicas-de-correspondencia-como-colaboracion-entre-una-disenadora-y-artesanas-en-el-sur-de-mexico
ISBN
978-65-272-2216-3
Palavras-Chave
Palabras clave: Diseño autónomo. Correspondencia. Laboratorio experimental. Diseño Antropologia.
Resumo
La presente investigación se inscribe en la intersección entre diseño y antropología, con el objetivo de explorar las prácticas de correspondencia y los procesos de autonomía en el marco de la colaboración entre diseñadoras y artesanas en el sur de México, específicamente en la comunidad de Yochib, Chiapas. El estudio forma parte de una investigación de maestría en diseño y busca contribuir a los debates sobre cómo el diseño, en articulación con la antropología, puede generar metodologías sensibles y situadas que fortalezcan la práctica artesanal y promuevan un diseño autónomo. La propuesta dialoga con marcos teóricos contemporáneos como los de Ingold (2016), al concebir la correspondencia como práctica viva que emerge de la interacción, y con Escobar (2016), al entender el diseño autónomo como praxis comunitaria orientada a la realización de la vida. Estos conceptos se ponen en relación con la práctica situada en campo, donde el encuentro con artesanas tzeltales permitió construir un laboratorio de diseño basado en dispositivos de conversación y procesos colaborativos que desafiaron jerarquías y favorecieron el reconocimiento de saberes múltiples. El contexto histórico y sociopolítico de Chiapas es fundamental para comprender la especificidad de esta investigación. Desde la época colonial, los pueblos tzeltales han ejercido formas de resistencia frente a la imposición externa, tanto mediante la preservación de su lengua y prácticas rituales como en la defensa de sus territorios y formas de organización social. Durante el siglo XX, las políticas agrarias y la posterior firma del Tratado de Libre Comercio en 1994 reforzaron procesos de despojo y marginación que impactaron directamente en la vida de las comunidades indígenas, derivando en movimientos de resistencia como el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En este contexto, la práctica textil ha representado un espacio de continuidad cultural y económica, transformándose de actividad doméstica en medio de subsistencia y articulándose con circuitos de comercio justo, cooperativas y dinámicas de mercado urbano. El textil en telar de cintura, además de su función económica, preserva símbolos ancestrales y narrativas comunitarias que refuerzan la identidad colectiva (Fábregas, 1998). Así, situar la investigación en Yochib supone reconocer un entramado de resistencias históricas, significados culturales y prácticas materiales que condicionan la relación entre diseño y artesanía. La comunidad de Yochib pertenece al municipio de Oxchuc, donde más del 98% de la población habla lengua indígena y mantiene formas de vida comunitaria. El grupo de artesanas con el que se desarrolló la investigación reúne mujeres de distintas generaciones, cuyas edades oscilan entre 20 y 70 años, que además de ser tejedoras desempeñan roles como parteras, pastoras o comerciantes. La actividad textil constituye una fuente de ingresos y un medio de sostenibilidad para sus familias, pero también un espacio de transmisión de saberes intergeneracionales. Estas especificidades hacen evidente que la práctica artesanal no puede comprenderse como un mero ejercicio productivo, sino como una práctica cultural situada, atravesada por significados, temporalidades y relaciones de género. Metodológicamente, la investigación se estructuró en torno a la creación de un laboratorio de diseño concebido como espacio de encuentro, diálogo y experimentación entre artesanas y diseñadora. Inspirado en las ideas del diseño participativo escandinavo (Ehn, 2017) y en la noción de “living labs”, este laboratorio buscó construir un “plan común” (Noronha, 2018), es decir, un espacio donde coexistieran múltiples puntos de vista, negociados en un campo de tensiones y diferencias. En lugar de imponer metodologías externas, se trabajó con dispositivos de conversación (Anastassakis; Szaniecki, 2016), entendidos como artefactos, juegos o dinámicas que inducen el diálogo y generan condiciones para la imaginación colectiva. Estos dispositivos se desplegaron en talleres y encuentros realizados en espacios ofrecidos por las propias artesanas, lo que permitió enraizar las actividades en el territorio y en la cotidianidad de la comunidad. Los procedimientos técnicos incluyeron dinámicas de co-creación, observación participante y registro narrativo de las experiencias. Cada encuentro se constituyó como un ejercicio de correspondencia, en el sentido planteado por Ingold (2017), donde se trata no de representar al otro, sino de responderle y seguir el flujo de la vida compartida. Esto supuso aceptar la contingencia de los acontecimientos y reconocer que factores externos, como las condiciones climáticas o la disponibilidad de transporte, también afectaban los procesos de trabajo. La investigación se caracterizó, por tanto, como un estudio cualitativo, experimental y situado, donde el conocimiento emergió de la interacción y no de la aplicación rígida de protocolos. Los resultados obtenidos se manifestaron tanto en el plano relacional como en el plano material. En términos relacionales, el proceso permitió aumentar progresivamente la confianza, el cuidado y la intimidad entre diseñadora y artesanas. Al inicio, la diseñadora actuaba como remitente de estímulos, proponiendo juegos o regalos que funcionaban como detonadores de interacción. Con el paso de los encuentros, las artesanas asumieron un papel más activo, liderando talleres, compartiendo técnicas específicas de telar y estableciendo sus propias definiciones sobre prendas como el huipil o el vestido. Esta progresiva autonomía dentro del laboratorio se tradujo en un desplazamiento del rol de la diseñadora hacia el de mediadora, lo que responde a la noción de “diseñadores orgánicos” propuesta por Noronha (2018), que reconoce en los actores locales la capacidad de proyectar y diseñar desde su propio saber. En términos materiales, se desarrollaron ejercicios de co-creación de blusas, vestidos y ropa íntima, que no solo respondían a necesidades comerciales, como la adecuación de tallas, sino que abrían espacios para discutir temas íntimos relacionados con la salud, la corporalidad y la vida comunitaria. Estos productos fueron menos importantes como objetos finales que como mediadores de conversaciones significativas. Al comienzo de la correspondencia, durante los tres primeros días del laboratorio de diseño, la diseñadora asumió el rol de remitente, enviando atención, cuidado y responsabilidad a través de gestos iniciales como juegos, fotografías para análisis y un don materializado en alimentos. Estos primeros encuentros mostraron un bajo nivel de intimidad y confianza, funcionando como estímulos que generaban pequeñas olas en el flujo de la relación, en espera de la respuesta de las artesanas. En el cuarto día se observó un cambio significativo: las artesanas tomaron un papel activo en el laboratorio, desplazando a la diseñadora del rol de liderazgo y generando dinámicas de enseñanza entre ellas mismas. Este momento marcó un avance en la autonomía, al apropiarse de las prácticas y dirigirlas según sus intereses. El quinto día se realizó la segunda parte de un taller de blusas, propuesto por las artesanas, cuyo objetivo era adaptar las medidas de sus piezas para la venta a públicos externos. La metodología emergió de sus propios cuerpos como instrumentos de medida, dejando de lado patrones estandarizados. Además, en este encuentro las artesanas respondieron al don inicial de la diseñadora con un obsequio de alimentos locales, gesto que evidenció el aumento de la confianza y el reconocimiento mutuo. En los días siguientes, los talleres se diversificaron. Uno de ellos se centró en la elaboración de vestidos, donde se discutieron colectivamente las diferencias entre esta prenda y el huipil, situando las definiciones en sus propios términos culturales. Otro taller se orientó a la enseñanza de una técnica de telar dominada por una sola artesana, Catalina; en este caso, la diseñadora fue mediadora para que el conocimiento circulara entre ellas, consolidando su papel como facilitadora más que como instructora. El octavo día permitió ampliar la relación más allá del ámbito textil. Se conocieron otros roles que desempeñan las artesanas en la comunidad y se compartió tiempo fuera del esquema habitual del laboratorio, lo que culminó en la invitación a participar en un baño de temazcal. Este espacio ancestral abrió nuevas posibilidades de diálogo y profundizó el grado de confianza. El noveno día se desarrolló un taller de ropa íntima, donde además de experimentar con nuevas piezas, se abordaron temas íntimos como la salud femenina, la lactancia y la intimidad de pareja, conversaciones que solo fueron posibles gracias al ambiente de cuidado y respeto generado en encuentros anteriores. Finalmente, el último encuentro se llevó a cabo fuera del tiempo del laboratorio, en la casa de una de las familias, con la experiencia del temazcal como cierre simbólico. Este acto, cargado de intimidad y comunalidad, representó el punto culminante de la correspondencia, al disolver las barreras entre artesanas y diseñadora y consolidar el vínculo afectivo y de confianza construido colectivamente. El análisis de las prácticas se realizó desde los tres principios de la correspondencia propuestos por Ingold (2018): hábito, agenciamiento y atención. El hábito se evidenció en la repetición de los encuentros y en las dinámicas que fueron generando confianza y afecto. El agenciamiento se manifestó en la irrupción de acontecimientos no controlables, como retrasos por falta de transporte o experiencias en el temazcal, que afectaban las actividades y exigían adaptaciones. La atención se vinculó con la capacidad de responder al otro con sensibilidad y responsabilidad, reconociendo sus tiempos y necesidades. Estos principios, entrelazados, muestran cómo la correspondencia no es solo una metáfora, sino una práctica vivida que articula la vida cotidiana con la investigación. En este sentido, la investigación contribuye a la discusión sobre diseño y antropología en América Latina al proponer una metodología situada que trasciende las dinámicas participativas convencionales. La noción de correspondencia permite pensar más allá de la participación como inclusión en procesos predefinidos y se orienta hacia la co-creación de mundos comunes, donde el diseño se configura como práctica de acompañamiento y respuesta. Asimismo, el énfasis en la autonomía conecta con debates latinoamericanos sobre comunalidad y resistencia, al situar el diseño como herramienta para la realización de la vida comunitaria en lugar de la imposición de lógicas de mercado. En este punto, se observa la afinidad con la propuesta de Escobar (2016), quien plantea que el diseño autónomo busca el diálogo intercultural en condiciones de igualdad. Los desafíos identificados en esta investigación se relacionan con la necesidad de repensar el papel del diseñador en contextos comunitarios. La tendencia académica y profesional de imponer categorías, métodos y jerarquías corre el riesgo de eclipsar las prácticas locales y de reproducir relaciones de poder asimétricas. En cambio, el reto consiste en reconocer la diversidad epistemológica y aceptar que el diseño no es monopolio de quienes poseen formación formal, sino una capacidad compartida por todos los seres humanos. Otro desafío está en sostener procesos a largo plazo, ya que la temporalidad de las investigaciones académicas no siempre coincide con los ritmos de vida comunitarios. Esto exige reflexionar sobre cómo garantizar la continuidad de los vínculos y evitar relaciones extractivistas que solo utilicen a las comunidades como objetos de estudio. La investigación también ofrece aportes metodológicos al campo del diseño y la antropología. La autorreflexión fue central como herramienta de análisis, al permitir reconocer las debilidades y fortalezas del proceso, recuperar memorias y generar aprendizajes desde la práctica. Como señalan Ramos y Pla (2016), la sistematización de experiencias no solo reconstruye lo vivido, sino que cualifica la práctica y produce conocimiento nuevo. En este caso, la autorreflexión se entendió como una meta-correspondencia, es decir, una forma de corresponder a la propia experiencia al analizarla y documentarla. Este ejercicio mostró que la investigación no sigue necesariamente una linealidad, sino que se organiza en ciclos sincrónicos y en espiral, que corresponden con los tiempos de la vida comunitaria y con los múltiples valores involucrados en la práctica artesanal, como los simbólicos, emocionales y sociales (Aboud, 2019). En conclusión, este texto presenta una investigación que, desde la práctica situada en Yochib, contribuye a repensar la relación entre diseño y antropología en América Latina. La fundamentación teórica se apoyó en conceptos como correspondencia, autonomía y dispositivos de conversación, articulados con metodologías experimentales de co-creación en campo. La caracterización de la investigación muestra un estudio cualitativo, sensible y situado, que empleó procedimientos técnicos como talleres, observación participante y dispositivos de conversación para generar datos. Los resultados evidencian que la práctica de correspondencia favorece la construcción de confianza, la autonomía de las artesanas y la emergencia de un diseño entendido como práctica relacional más que como producción de objetos. Se concluye que el diseño puede actuar como mediador de procesos de autonomía comunitaria si se construye desde la atención, el cuidado y la apertura a lo inesperado. Las recomendaciones apuntan a profundizar en metodologías que prioricen la continuidad de los vínculos, el reconocimiento de los saberes locales y la construcción de planes comunes que permitan enfrentar los desafíos actuales de las comunidades artesanales. En suma, la investigación reafirma que el campo del diseño, al dialogar con la antropología, tiene el potencial de transformarse en una herramienta de resistencia, cuidado y creación de futuros alternativos en América Latina.
Título do Evento
I Encuentro de Antropología y Diseño en América Latina
Cidade do Evento
São Luís
Título dos Anais do Evento
Cuaderno de Resúmenes del Encuentro de Antropología y Diseño en América Latina
Nome da Editora
Even3
Meio de Divulgação
Meio Digital
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Como citar

GONZALEZ, Zita. PRÁCTICAS DE CORRESPONDENCIA COMO COLABORACIÓN ENTRE UNA DISEÑADORA Y ARTESANAS EN EL SUR DE MÉXICO.. In: Cuaderno de Resúmenes del Encuentro de Antropología y Diseño en América Latina. Anais...São Luís(MA) ENES-Morelia / UNAM, 2026. Disponível em: https//www.even3.com.br/anais/i-encuentro-diseno-y-antropologia-america-latina/1297349-PRACTICAS-DE-CORRESPONDENCIA-COMO-COLABORACION-ENTRE-UNA-DISENADORA-Y-ARTESANAS-EN-EL-SUR-DE-MEXICO. Acesso em: 22/05/2026

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